admin/ noviembre 23, 2018/ Noticias/ 0 comments

If you’d like to read our statement in English, here’s the link.

El asesinato de Camilo Catrillanca, comunero mapuche, no es un hecho aislado en Chile. La violencia en el Wallmapu es de larga data, y desafortunadamente, la comunidad académica en Chile no ha respondido con la determinación y compromiso que estos acontecimientos ameritan. El llamado de la poeta mapuche Daniela Catrileo a lxs academicxs, “que todxs salgan de su comodidad, porque nos están matando y no hay paper que aguante ese dolor” nos interpela. Quienes suscribimos este comunicado, hacemos un llamado a generar espacios reflexivos sobre cómo la investigación responde a los problemas país, particularmente a la violencia que vive la nación mapuche.

Lxs académicxs tenemos una responsabilidad fundamental, en la construcción de ideas y saberes y en la formación de nuevas generaciones, como también en los caminos que elegimos para la construcción de dichos saberes. Más que nunca, lxs investigadores de la educación en Chile debemos ser críticos sobre cómo nuestro trabajo investigativo contribuye a reproducir la violencia estructural de nuestro país, que hoy se manifiesta en el Wallmapu, pero también en iniciativas como el proyecto “Aula Segura”, las políticas de expulsión de migrantes, la discriminación contra las personas afrodescendientes y la constante violencia en contra de las mujeres y las disidencias sexuales en todos los niveles de la educación formal.

Frente a esto, llamamos a lxs académicxs a:

  1. Reconocer que la investigación, en contextos de violencia como las que vive el pueblo mapuche, no puede reducirse a una intervención puntual o a un momento de estudio específico, sino que debe pensarse desde cómo contribuimos a su total soberanía.
  2. Cambiar las prácticas extractivistas de la investigación que convierten el conocimiento de las personas que estudiamos en objeto de beneficio profesional.
  3. Utilizar métodos de validación de la investigación que incluyan, en el tratamiento ético, la rendición de cuentas a las comunidades directamente afectadas por nuestras investigaciones. En el caso de quienes estudiamos al pueblo mapuche,  debemos velar porque la investigación sobre sus saberes y cultura sean primeramente validada y apropiada por ellos.
  4. Cuestionar el tipo de preguntas en nuestras investigaciones, rechazando aquellas interrogantes que asuman prejuicios racistas y discriminatorios respecto de los estudiantes, apoderados, y profesorado mapuche.
  5. Reconocer, con humildad, que además de la investigación clásica que domina en la academia, existen otras formas de construir de conocimiento. Tal vez, es momento de considerar al cuerpo como parte de esa construcción de conocimiento.

Quienes suscribimos sabemos que este llamado no cambia las condiciones en el Wallmapu, ni tampoco las de violencia estructural. También, entendemos que el silencio es otra forma de complicidad. Lxs académicxs tenemos un espacio privilegiado para colocar temas en la agenda de investigación y cuestionar prácticas  que contribuyen a preservar la violencia en el Wallmapu, así como con otros grupos vulnerados en la sociedad. Confiamos que este comunicado propicie diálogos y acciones que cuestionen las relaciones de violencia en nuestro país.

Como RIECH, invitamos a firmar a todos quienes adhieren a este llamado en el siguiente link.

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